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El Vacío
El Vacío
Realismo Armónico — Sección III
Parte de la filosofía fundamental del el Armonismo. Ver también: el Realismo Armónico, el Absoluto (The Absolute), el Cosmos (The Cosmos).
0 — Trascendencia
También conocido como: Vacuidad, Śūnyatā, Ausencia de Forma, Nada, el Dao, el aspecto Nirguna de Brahman, Asat, Dios, el Creador, la Fuente, lo Inmanifestado.
A. Naturaleza
El Vacío es el aspecto impersonal, absoluto de Dios—puro Ser, Nada, Trascendencia. Es el Silencio antes del sonido primordial de la creación, el origen misterioso de todas las cosas, el Misterio de los Misterios.
El Vacío existe fuera del espacio-tiempo. No fue creado. No tiene principio ni fin. Está más allá de la existencia y más allá de la no-existencia, más allá del entendimiento mismo. Es el misterio absoluto, lo incognoscible, lo inexperienciable, lo inasible—porque cada vez que hay la experiencia de algo, deja de ser la experiencia de nada. Es lo que la tradición Budista reconoce como Śūnyatā: la verdad última y absoluta, la no-dualidad de nada más allá de la forma. Es lo que la tradición Daoísta llama el Dao que no puede ser hablado. Es el estado descrito en el himno Védico: “Al principio, no había ni Sat (ser) ni Asat (no-ser).”
El Creador es lo incognoscible y lo innombrable—el misterio absoluto, insondable de la existencia. Todo nombre que le damos es una concesión al lenguaje, un dedo señalando lo que no puede ser señalado. Y aun así la señalización es necesaria: este misterio no es abstracción teórica sino el fundamento sobre el que estamos, el silencio dentro del cual surge el sonido, la oscuridad de la cual nace toda luz. No señalar hacia él sería negar el mismísimo fundamento de nuestra existencia.
B. Estado Ontológico
Ontológicamente hablando, el Vacío (The Void) ocupa una posición única y paradójica. Es, estrictamente, pre-ontológico—significando que cae fuera del alcance de la ontología misma. La ontología es el estudio del ser; el Vacío carece de ser en el sentido convencional. Es meontológico: anterior a las categorías de existencia y no-existencia, anterior a cualquier distinción que el pensamiento pueda hacer.
Esto es por qué el Vacío recibe el número 0 en el marco del Armonismo (Harmonism). El cero no es ausencia; es el fundamento preñado del cual surgen todos los números. Sin cero, no hay línea numérica, no hay contar, no hay matemáticas. De la misma manera, sin el Vacío, no hay Cosmos, no hay manifestación, no hay experiencia. El cero es el Silencio Preñado.
Porque el Vacío es pre-ontológico, también es pre-experiencial. No puede ser “accedido” en el sentido ordinario, porque toda experiencia ocurre dentro del Cosmos. Lo que las tradiciones contemplativas describen como la “experiencia del Vacío” es más precisamente la disolución progresiva del experimentador mismo—la rendición sistemática del sujeto, objeto, y la capacidad de experimentar como entidades separadas. La aproximación más cercana se encuentra en la meditación profunda y el sueño sin sueños: estados en los cuales el yo individual está completamente ausente, la actividad mental cesa, y aun así algo persiste—algo que retorna a la consciencia de vigilia no como memoria sino como una reorientación fundamental. El Vacío yace más allá de la ciencia empírica, la filosofía, e incluso la experiencia contemplativa ordinaria. Solo puede ser “conocido” a través de la rendición de las muy facultades que ordinariamente conocen—que es por qué las tradiciones más profundas hablan de él no como logro sino como soltar, no como experiencia sino como el cese del experimentador.
C. El Vacío como Fuente
Esta es la dimensión de la cual emana la Voluntad de Dios—la Fuente de todas las cosas. El Absoluto decidió, desde Su lugar en el Vacío inmanifestado, experimentarse a Sí mismo. Y puesto que Era omnipresente y omnisciente, cada una de Sus manifestaciones también poseyó estas cualidades. Por lo tanto tuvo que ocultar la naturaleza de Su ser de Sí mismo, para conocerse a Sí mismo a través de las diez mil formas de la creación.
La creación está incrustada dentro y contenida en el Vacío. Todo el Cosmos manifestado existe como una expresión dentro del Vacío, de la manera que un sueño existe dentro del soñador. El Cosmos nunca “deja” el Vacío; surge de él, subsiste dentro de él, y en última instancia se resuelve de vuelta a él.
D. Encuentro Fenomenológico
Aunque el Vacío es estrictamente pre-experiencial, aquellos que se acercan a su umbral a través de la práctica contemplativa sostenida o a través del encuentro catalítico con medicinas enteogénicas reportan una fenomenología convergente: la disolución de todos los límites, el reconocimiento de que la consciencia misma es tanto nada como todo—una vacuidad preñada de la cual la creación fluye continuamente. Lo que es encontrado no es un lugar o un estado sino el fundamento de todos los estados—consciencia pura despojada de cada objeto, y aun así experimentado (si “experiencia” es incluso la palabra correcta) como potencial infinito y plenitud radical.
Estos encuentros, ya sea surgiendo en meditación profunda, en el paso a través del sueño sin sueños hacia la vigilia, o en estados extraordinarios de consciencia, apuntan consistentemente a la misma realidad: el Vacío no es la ausencia de algo sino la presencia de todo en su forma inmanifestada. El retorno de este umbral invariablemente reorienta la relación del practicante con el mundo manifestado—no lejos de él, sino hacia un compromiso más profundo con su carácter sagrado.